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Aunque sea jade se quiebra

¿Acaso de verdad se vive en la tierra? No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí. Aunque sea jade se quiebra, aunque sea oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra, no para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.” 

Cantares Mexicanos

El 11 de febrero de 2021 mi padre dejó su cuerpo físico a causa del COVID. A dos meses y días de este cambio de energía, recién comienzo a ver todo el amor que hay en la muerte. ¿Amor? Sí. La muerte es amorosa, es la madre que nos espera para llevarnos de vuelta a casa, a ese espacio-tiempo donde la materia no existe y todxs somos uno.

La vida de mi papá fue relevante, en cada círculo en el que interactuó sembró buenas semillas, tocó muchos corazones y cumplió con su misión de dejar este mundo mejor de como lo encontró … o al menos lo hizo en mi mundo. Él tenia una filosofía de vida enfocada al servicio, decía que “el que no vive para servir, no sirve para vivir”, y vaya que el sirvió.

A pesar de la pandemia muchas personas mostraron su amor en su despedida y vieron la manera de hacernos saber que José Calvillo Velasco fue un buen ser humano y eso sólo me hizo caer en cuenta de algo; ¡mi padre trascendió!

Es mi creencia que a esta tierra venimos a aprender y resolver situaciones que el alma y espíritu tienen pendientes quizás de vidas enteras atrás con el único fin de prepararnos para volver a casa, a la fuente, al verdadero hogar donde lo que nos divide que es el cuerpo, no existe mas, se vacía y se queda. Por eso es muy importante vivir con consciencia plena de lo que nos toca hacer y sanar, ¡y hacerlo! y en ese hacer buscar crear un vínculo de amor con la muerte que a fin de cuentas es el destino de la vida. Así es la dualidad que se opone y al mismo tiempo se necesita.

Dicen los toltecas que la vida es una batalla florida en la que el objetivo es que el corazón florezca antes de morir, una guerra contra uno mismx, contra las debilidades del espíritu y los apegos a la materia para poder alcanzar el “Ilhuicatltonatíuh”, un lugar luminoso reservado para aquellos guerreros del espíritu, que han logrado “florecer su corazón”.  Sé que mi padre ahora brilla ahí.

Aunque tengo que reconocer que el duelo duele, que es un proceso que le da mucho material al ego para distraer al espíritu de su misión, que le hace olvidar quién es, a qué vino a esta tierra y que cubre con muchos velos la percepción. El duelo que no se resuelve nos deja viviendo en el tonal, otro concepto de la sabiduría tolteca que hace creer al ser humano que solo aquello que es capaz de percibir con sus sentidos corporales es lo único real y lo único que existe.

Mi tonal me ha dicho a lo largo de estos meses que como mi padre “ya no es” un cuerpo tibio que pueda abrazar con una voz que pueda escuchar entonces ya no existe, me ha abandonado, me dejó sola, y esos pensamientos duelen, ¡Pero son ilusión! por que basta con que me regale un espacio de silencio y amor para conectar con mi nahual que es esa parte “mágica” a la cual rara vez accedemos, al contrario de la razón y el intelecto, y cuya esencia reside en la intuición, la imaginación, la creatividad y el amor y a mi, en ese espacio y en ese estado mi corazón y mi intuición me han dicho que mi papá está fundido con todo lo que es y que en aquellas experiencias que compartimos en la vida terrenal lo puedo encontrar, que el vive en mi más allá de lo romántico del concepto porque tengo su ADN, tengo su sangre, tengo sus células por todo mi ser.

Imagen de @la_morse

Para ser honesta esto solo me pasa a veces, hay días que duelen, que lloro, que lo extraño y me enojo. Hay días que el trauma está a flor de piel y literalmente duele el corazón, cuando esto me pasa he encontrado en el movimiento (¡movimiento es vida!) una herramienta para hacer circular esa energía densa y volver a mi espacio donde puedo hacer florecer el corazón. Igual me ha costado derribar mis propios sistemas de creencias y reforzar mi relación con la muerte pero prácticas como la meditación, la respiración, la escritura y el dibujo me han ayudado a volver a mi estado de nahuala y no dejarme engañar por la ilusión de la vida en esta tierra.

Sacar el trauma del cuerpo, trascender el tonal y hacer florecer el corazón para mi son un camino de re encuentro con la amorosa muerte que tomó en sus dulces brazos a mi padre (sin importar el modo) y preparó para él la ultima de las iniciaciones en una ceremonia donde estoy segura que él honró y agradeció a su cuerpo por ser el vehículo de su experiencia humana antes de dar su último suspiro, antes de sentir el último latido de ese florecido corazón. Hasta pronto mi guerrero del espíritu.

Me abro a compartirte esto tan personal por que quiero invitarte a atravesar el dolor y a que florezca tu corazón por que si sana unx snamos todxs. Si conoces a alguien a quién le pueda servir leer esto no dudes en compartir el amor.

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